quarta-feira, 18 de janeiro de 2017


Cardeal Caffarra:

«Só um cego pode negar que na Igreja há confusão.»



Hemos Visto, AdelantelaFe, 16 de enero de 2017

Importante entrevista al Cardenal Caffarra aparecida en Il Foglio de hoy.

Matteo Matzuzzi – [Fuente: Il Foglio, 14 de enero de 2017]

Una nueva prueba, si es que fuera necesaria, de la unión de los 4 Cardenales firmatarios de los Dubia, recientemente confirmada también por el Cardenal Burke. Demos gracias al Señor y continuemos apoyándoles con nuestra oración y todo respaldo posible.

«La división entre pastores es la causa de la carta que hemos enviado a Francisco. No su efecto. Insultos y amenazas de sanciones canónicas son cosas indignas». «Una Iglesia con poca atención a la doctrina no es más pastoral, es solamente más ignorante».

Bolonia –

«Creo que deben aclararse varias cosas. La carta – y los dubia adjuntos – fue largamente reflexionada, durante meses, y largamente discutida entre nosotros. Por lo que me respecta, fue largamente llevada a la oración ante el Santísimo Sacramento».

El Cardenal Carlo Caffarra empieza diciendo esto, antes de comenzar la larga conversación con Il Foglio sobre la ya célebre carta «de los cuatro cardenales» enviada al Papa para pedirle aclaraciones en relación a Amoris laetitia, la exhortación que expresa las conclusiones del doble Sínodo sobre la familia y que tanto debate – no siempre con garbo y elegancia – ha desencadenado dentro y fuera de los muros vaticanos.

«Eramos conscientes de que el gesto que estábamos realizando era muy serio. Nuestras preocupaciones eran dos. La primera era no escandalizar a los pequeños en la fe. Para nosotros pastores este es un deber fundamental. La segunda preocupación era que nadie, creyente o no creyente, pueda encontrar en la carta expresiones que aun lejanamente sonaran como una, aun mínima, falta de respeto hacia el Papa. El texto final, por tanto, es el fruto de muchas revisiones: textos revisados, descartados, corregidos».

Puestas estas premisas, Caffarra entra en materia.

«¿Qué es lo que nos ha movido a este gesto? Una consideración de carácter general-estructural y una de carácter contingente-coyuntural. Comencemos por la primera. Existe para nosotros cardenales el deber grave de aconsejar al Papa en el gobierno de la Iglesia. Es un deber y los deberes obligan. De carácter más contingente, por el contrario, existe el hecho – que sólo un ciego puede negar – de que en la Iglesia existe una gran confusión, incertidumbre, inseguridad causadas por algunos párrafos de Amoris laetitia. En estos meses está sucediendo que, sobre las mismas cuestiones fundamentales al respecto de la economía sacramental (matrimonio, confesión y eucaristía) y la vida cristiana, algunos obispos han dicho A y otros han dicho lo contrario de A. Con la intención de interpretar bien los mismos textos». Y «este es un hecho, innegable porque los hechos son testarudos, como decía David Hume. El camino de salida de este ‘conflicto de interpretaciones’ era el recurso a los criterios interpretativos teológicos fundamentales, usando los cuales pienso que se puede racionalmente mostrar que Amoris laetitia no contradice Familiaris consortio. Personalmente, en encuentros públicos con laicos y sacerdotes, siempre he seguido este camino.

No ha bastado, observa el arzobispo emérito de Bolonia.

«Nos hemos dado cuenta de que este modelo epistemológico no era suficiente. El contraste entre estas dos interpretaciones continuaba. Había sólo un modo e llegar al principio: pedir al autor del texto, interpretado de dos maneras contradictorias, cuál es la interpretación acertada. No hay otro camino. Se planteaba seguidamente el problema del modo en el cual dirigirse al Pontífice. Hemos elegido un camino muy tradicional en la Iglesia, los así llamados dubia».

¿Por qué?

«Porque se trataba de un instrumento que, en el caso que, según su soberano juicio, el Santo Padre hubiera querido responder, no lo comprometía con respuestas elaboradas y largas. Debía responder «Sí» o «No». Y emplazar, como a menudo han hecho los Papas, a los probados autores (en jerga: probati auctores) o pedir a la Doctrina de la fe que emanase una declaración conjunta con la que explicar el Sí o el No. Nos parecía el camino más simple. La otra cuestión que se planteaba era si hacerlo en privado o en público. Hemos razonado y llegado al acuerdo que habría sido una falta de respeto hacer público todo en seguida. Así, se ha hecho de manera privada y, sólo cuando hemos tenido la certeza de que el Santo Padre no habría respondido, hemos decidido publicarlo».

Es este uno de los puntos sobre los que se ha discutido más, con polémicas surgidas en relación a él. El último ha sido el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto del ex-Santo Oficio, que ha juzgado equivocada la publicación de la carta. Caffarra explica:

«Hemos interpretado el silencio como autorización a continuar el debate teológico. Y, además, el problema implica tan profundamente tanto el magisterio de los obispos (que, no lo olvidemos, lo ejercitan no por delegación del Papa sino en virtud del sacramento que han recibido) como la vida de los fieles. Unos y otros tienen derecho a saber. Muchos fieles y sacerdotes decían «vosotros cardenales en una situación como esta tenéis la obligación de intervenir ante el Santo Padre. De otro modo ¿para qué existís si no ayudáis al Papa en cuestiones tan graves?». Comenzaba a hacer camino el escándalo de muchos fieles, de manera que nosotros nos comportábamos como los perros que no ladran de los que habla el Profeta. Esto es lo que hay detrás de esas dos páginas».

Y sin embargo las críticas han llovido, también por hermanos obispos o monseñores de la curia:

«Algunas personas continúan diciendo que nosotros no somos dóciles al magisterio del Papa. Es falso y calumnioso. Precisamente porque no queremos ser indóciles hemos escrito al Papa. Yo puedo ser dócil al magisterio del Papa si sé lo que el Papa enseña en materia de fe y de vida cristiana. Pero el problema es exactamente este: que sobre puntos fundamentales no se entiende bien lo que el Papa enseña, como demuestra el conflicto de interpretaciones entre obispos. Nosotros queremos ser dóciles al magisterio del Papa, pero el magisterio del Papa debe ser claro. Ninguno de nosotros – dice el arzobispo emérito de Bolonia – ha querido «obligar» al Santo Padre a responder: en la carta hemos hablado de soberano juicio. Simple y respetuosamente hemos hecho preguntas. No merecen, finalmente, atención las acusaciones de querer dividir la Iglesia. La división, que existe ya en la Iglesia, es la causa de la carta, no su efecto. Por el contrario, cosas indignas dentro de la Iglesia son, en un contexto como este sobre todo, los insultos y las amenazas de sanciones canónicas».

En la premisa a la carta se constata

«un grave desconcierto de muchos fieles y una gran confusión respecto a cuestiones muy importantes para la vida de la Iglesia».

¿En qué consisten, específicamente, la confusión y el desconcierto? Responde Caffarra:

«He recibido la carta de un párroco que es una fotografía perfecta de lo que está sucediendo. Me escribía: ‘En la dirección espiritual y en la confesión ya no sé qué decir. Al penitente que me dice: vivo a todos los efectos como marido con una mujer que está divorciada y ahora me acerco a la Eucaristía. Propongo un camino en orden a corregir esta situación, pero el penitente me detiene y responde en seguida: mire, padre, el Papa ha dicho que puedo recibir la eucaristía, sin el propósito de vivir en continencia. Yo no puedo más con esta situación. La Iglesia me puede pedir todo, pero no que traicione mi conciencia. Y mi conciencia hace objeción a una supuesta enseñanza pontificia que admite a la eucaristía, dadas ciertas circunstancias, a quien vive more uxorio sin estar casado’. Así escribía el párroco. La situación de muchos pastores de almas, entiendo sobre todo los párrocos – observa el cardenal – es esta: encuentran sobre sus espaldas un peso que no son capaces de llevar. Es en esto en lo que pienso cuando hablo de gran desconcierto. Y hablo de los párrocos, pero muchos fieles están todavía más desconcertados. Estamos hablando de cuestiones que no son secundarias. No se está discutiendo si el pescado rompe o no la abstinencia. Se trata de cuestiones gravísimas para la vida de la Iglesia y para la salvación eterna de los fieles. No lo olvidemos nunca: esta es la ley suprema en la Iglesia, la salvación eterna de los fieles. No otras preocupaciones. Jesús fundó su Iglesia para que los fieles tengan la vida eterna y la tengan en abundancia».

La división a la que se refiere el cardenal Carlo Caffarra se originó ante todo con la interpretación de los párrafos de Amoris laetitia que van del número 300 al 305. Para muchos, incluidos varios obispos, aquí se encuentra la confirmación de un cambio no sólo pastoral sino también doctrinal. Otros, por el contrario, que todo está perfectamente insertado y en continuidad con el magisterio precedente. ¿Cómo se sale de este equívoco?

«Pondré dos premisas muy importantes. Pensar en una praxis pastoral no fundada y radicada en la doctrina significa fundar y radicar la praxis pastoral en el arbitrio. Una Iglesia con poca atención a la doctrina no es una Iglesia más pastoral, sino que es una Iglesia más ignorante. La Verdad de la que nosotros hablamos no es una verdad formal, sino una Verdad que da salvación eterna: Veritas salutaris, en términos teológicos. Me explico. Existe una verdad formal. Por ejemplo, quiero saber si el río más largo del mundo es el Amazonas o el Nilo. Resulta que es el Amazonas. Esta es una verdad formal. Formal significa que este conocimiento no tiene ninguna relación con mi modo de ser libre. Aunque la respuesta hubiera sido la contraria, no habría cambiado nada sobre mi modo de ser libre. Pero hay verdades que yo llamo existenciales. Si es verdad – como ya Sócrates enseñó – que es mejor sufrir una injusticia antes que cometerla, enuncio una verdad que provoca a mi libertad a actuar de manera muy distinta a si fuera verdad lo contrario. Cuando la Iglesia habla de verdad – añade – habla de verdad del segundo tipo, la cual, si es obedecida por la libertad, genera la verdadera vida. Cuando oigo decir que es solamente un cambio pastoral y no doctrinal, o se piensa que el mandamiento que prohíbe el adulterio es una ley puramente positiva que puede cambiarse (y pienso que ninguna persona recta pueda mantener esto), o significa admitir que sí, el triángulo tiene generalmente tres lados, pero que existe la posibilidad de construir una con cuatro lados. Esto es, digo, una cosa absurda. Ya los medievales, al fin y al cabo, decían: theoria sine praxis, currus sine axis; praxis sine theoria, caecus in via».

La segunda premisa que pone el arzobispo de Bolonia se refiere al «gran tema de la evolución de la doctrina, que siempre acompañó al pensamiento cristiano, y que sabemos que ha sido retomado de manera espléndida por el beato John Henry Newman. Si hay un punto claro es que no hay evolución donde hay contradicción. Si yo digo que s es p y después digo que s no es p, la segunda proposición no desarrolla la primera sino que la contradice. Ya Aristóteles había enseñado acertadamente que al enunciar una proposición universal afirmativa (e. g. todo adulterio es injusto) y al mismo tiempo una proposición particular negativa que tiene el mismo sujeto y predicado (e. g. algún adulterio no es injusto), no se hace una excepción a la primera, se contradice. Al final, si quisiera definir la lógica de la vida cristiana, usaría la expresión de Kierkegaard: ‘Moverse siempre, permaneciendo siempre fijos en el mismo punto’». El problema, añade el purpurado, «es ver si los famosos párrafos nn. 300-305 de Amoris laetitia y la famosa nota n. 351 están o no en contradicción con el magisterio precedente de los Pontífices que afrontaron la misma cuestión. Según muchos obispos, está en contradicción. Según otros muchos obispos, no se trata de una contradicción sino de un desarrollo. Y es por esto por lo que hemos pedido una respuesta al Papa».

Se llega así al punto más disputado y que ha animado tanto las discusiones sinodales: la posibilidad de conceder a los divorciados vueltos a casar civilmente el acercarse de nuevo a la eucaristía, lo cual no encuentra lugar explícitamente en Amoris laetitia, pero que, a juicio de muchos, es un hecho implícito que no representa nada más que una evolución respecto al n. 84 de la exhortación Familiaris consortio de Juan Pablo II.

«El problema en su nodo es el siguiente», argumenta Caffarra: «¿Puede el ministro de la eucaristía (normalmente el sacerdote) dar la eucaristía a una persona que vive more uxorio con una mujer o con un hombre que no son su mujer o su marido y no quiere vivir en la continencia? Las respuestas son sólo dos: Sí o No. Nadie, por otro lado, pone en cuestión que Familiaris consortio, Sacramentum Caritatis, el Código de derecho canónico y el Catecismo de la Iglesia católica responden No a dicha pregunta. Un No válido hasta que el fiel no se proponga abandonar el estado de convivencia more uxorio. ¿Ha enseñado Amoris laetitia que, dadas ciertas circunstancias precisas y realizado un cierto camino, el fiel podría acercarse a la eucaristía sin comprometerse a la continencia? Hay obispos que han enseñado que se puede. Por una simple cuestión de lógica se debe entonces enseñar que el adulterio no es en sí ni por sí un mal. No es pertinente apelar a la ignorancia o al error respecto a la indisolubilidad del matrimonio: un hecho desgraciadamente muy difundido. Esta apelación tiene un valor interpretativo, no orientativo. Debe ser usado como método para discernir la imputabilidad de las acciones cometidas pero no puede ser principio para las acciones que serán cometidas. El sacerdote – dice el cardenal – tiene el deber de iluminar al ignorante y corregir al que yerra».

«Lo que, por el contrario, Amoris laetitia ha aportado de nuevo sobre dicha cuestión es la llamada a los pastores de almas a no contentarse con responder No (no contentarse, sin embargo, no significa responder Sí), sino tomar de la mano a la persona y ayudarla a crecer hasta el punto en que ella comprenda que se encuentra en una condición tal que no puede recibir la eucaristía si no cesa las intimidades propias de los esposos. Pero no se trata de que el sacerdote pueda decir ‘ayudo a su camino dándole también los sacramentos’. Y es sobre esto que sobre lo que el texto es ambiguo en la nota n. 351. Si yo digo a la persona que no puede tener relaciones sexuales con quien no es su marido o su mujer pero, entre tanto, dado que le cuesta tanto, puede tenerlas… sólo una vez en vez de tres a la semana, esto no tiene sentido; y no uso misericordia hacia esta persona. Porque para poner fin a un comportamiento habitual –un habitus, dirían los teólogos – es necesario que exista el decidido propósito de no cometer más ningún acto propio de aquel comportamiento. En el bien hay progreso, pero entre el dejar el mal y comenzar a hacer el bien, hay una decisión instantánea, aunque largamente preparada. Durante un cierto periodo Agustín oraba: ‘Señor, dame la castidad, pero no en seguida’».

Al recorrer los dubia, parece entenderse que lo que está en juego, quizá más que Familiaris consortio, es Veritatis splendor. ¿Es así?

«Sí», responde Carlo Caffarra. «Aquí está en cuestión lo que enseña Veritatis splendor. Esta encíclica (6 de agosto de 1993) es un documento altamente doctrinal, en las intenciones del Papa san Juan Pablo II, hasta el punto – cosa excepcional hasta el momento en las encíclicas – que está dirigida sólo a los obispos en cuanto responsables de la fe que se debe creer y vivir (cfr. n. 5). A ellos, al final, el Papa recomienda que sean vigilantes acerca de las doctrinas condenadas o enseñadas por la encíclica misma. Las primeras para que no se difundan en las comunidades cristianas, las segundas para que sean enseñadas (cfr. n. 116). Una de las enseñanzas fundamentales del documento es que existen actos que pueden ser calificados como deshonestos en sí mismos, prescindiendo de las circunstancias en las cuales son cometidos y del fin que se propone el agente. Y añade que negar este hecho puede conllevar negar el sentido del martirio (cfr. nn. 90-94). Todo mártir, en efecto – subraya el arzobispo emérito de Bolonia –, habría podido decir: ‘Me encuentro en una circunstancia… en tal situación que el deber grave de profesar mi fe o de afirmar la intangibilidad de un bien moral ya no me obliga’. Piénsese en las dificultades que la mujer de Tomás Moro presentaba a su marido condenado ya en la cárcel: ‘Tienes deberes hacia la familia, hacia los hijos’. No es, por lo tanto, solamente un tema de fe. Aunque use la sola recta razón, veo que negando resistencia a actos intrínsecamente deshonestos, niego que exista un confín más allá del cual los poderosos de este mundo no pueden y no deben pasar. Sócrates fue el primero que comprendió esto en occidente. La cuestión es, por lo tanto, grave, y sobre esto no se puede dejar incertidumbre. Por esto nos hemos permitido pedir al Papa que dé claridad, ya que hay obispos que parecen negar dicho hecho, invocando Amoris laetitia. El adulterio, en efecto, se incluyó dentro de los actos intrínsecamente malos. Basta leer lo que dice Jesús al respecto, San Pablo y los mandamientos dados a Moisés por el Señor».

Pero ¿hay todavía hoy espacio para los actos así llamados «intrínsecamente malos»? ¿O quizá es el momento de mirar más al otro lado de la balanza, al hecho de que todo, ante Dios, puede ser perdonado?

Atención, dice Caffarra: «Aquí se crea una gran confusión. Todos los pecados y las decisiones intrínsecamente deshonestas pueden ser perdonadas. Por lo tanto «intrínsecamente deshonestos» no significa «imperdonables». Jesús, sin embargo, no se contenta con decir a la adúltera: ‘Tampoco yo te condeno’. Le dice también: ‘Ve y en adelante no peques más’ (Jn 8, 10). Santo Tomás, inspirándose en San Agustín, hace un comentario bellísimo, cuando escribe que ‘Habría podido decir: ve y vive como quieras y ten por seguro mi perdón. No obstante todos tus pecados, yo te liberaré de los tormentos del infierno. Pero el Señor que no ama la culpa y no favorece el pecado, condena la culpa… diciendo: y en adelante no peques más. Aparece así cuán tierno es el Señor en su misericordia y justo en su verdad’ (cfr. Comm. a Juan 1139). Nosotros somos verdaderamente, no por así decir, libres ante el Señor. Y por lo tanto el Señor no nos tira detrás de su perdón. Debe haber un admirable y misterioso matrimonio entre la infinita misericordia de Dios y la libertad del hombre, el cual debe convertirse si quiere ser perdonado».

Preguntamos al cardenal Caffarra si una cierta confusión derive también de la convicción, radicada también entre tantos pastores, de que la conciencia es una facultad para decidir autónomamente con respecto a lo que está bien y lo que está mal, y que, en ultima instancia, la palabra decisiva corresponda a la conciencia de cada uno.

«Considero que este es el punto más importante de todos», responde. «Es el lugar donde encontramos y nos enfrentamos con la columna de carga de la modernidad. Comencemos aclarando el lenguaje. La conciencia no decide porque ella es un acto de la razón; la decisión es un acto de la libertad, de la voluntad. La conciencia es un juicio en el cual el sujeto de la proposición que lo expresa es la decisión que estoy a punto de tomar o que ya he tomado y el predicado es la calificación moral de la decisión. Es, por lo tanto, un juicio, no una decisión. Naturalmente, todo juicio racional se ejercita a la luz de criterios, de otro modo no es un juicio, sino otra cosa. Criterio es aquello en base a lo cual yo afirmo lo que afirmo y niego lo que niego. En este punto resulta particularmente iluminador un pasaje del Tratado sobre la conciencia moral del beato Rosmini: ‘Hay una luz que está en el hombre y hay una luz que es el hombre. La luz que hay en el hombre es la ley de Verdad y la gracia. La luz que es el hombre es la recta conciencia, ya que el hombre se convierte en luz cuando participa de la luz de la ley de Verdad mediante la conciencia por aquella luz confirmada’. Ahora bien, frente a esta concepción de la conciencia moral se opone al concepción que erige como tribunal inapelable de la bondad o malicia de las propias decisiones a la propia subjetividad. Aquí, para mí – dice el purpurado –, está el enfrentamiento decisivo entre la visión de la vida que es propia de la Iglesia (porque es la propia de la Revelación divina) y la concepción de la conciencia propia de la modernidad».

«Quien ha visto esto de manera lucidísima – añade – fue el beato Newman. En la famosa Carta al duque de Norfolk, dice: ‘La conciencia es un vicario aborigen de Cristo. Un profeta en sus informaciones, un monarca en sus órdenes, un sacerdote en sus bendiciones y en sus anatemas. Para el gran mundo de la filosofía de hoy, estas palabras no son sino verbosidades vanas y estériles, privas de un significado concreto. En nuestro tiempo hay una guerra  encarnizada, diría casi una especie de conspiración contra los derechos de la conciencia’. Más adelante añade que ‘en el nombre de la conciencia se destruye la verdadera conciencia’. He aquí por qué entre los cinco dubia la duda número cinco es la más importante. Hay un pasaje de Amoris laetitia, en el n. 303, que no es claro; parece – repito: parece – admitir la posibilidad de que exista un juicio verdadero de la conciencia (no invenciblemente erróneo; esto ha sido siempre admitido por la Iglesia) en contradicción con lo que la Iglesia enseña como atinente al depósito de la divina Revelación. Parece. Y por eso hemos presentado la duda al Papa».

«Newman – recuerda Caffarra – dice que ‘si el Papa hablase contra la conciencia tomada en el verdadero sentido de la palabra, cometería un verdadero suicidio, se cavaría la fosa bajo sus pies’. Son cosas de una gravedad inquietante. Se elevaría el juicio privado a criterio último de la verdad moral. No decir nunca a una persona: ‘Sigue siempre tu conciencia’ sin añadir siempre y en seguida: ‘Ama y busca la verdad acerca del bien’. Lo pondrías en sus manos el arma más destructiva de su humanidad».


(Traducido por Marianus el eremita)





terça-feira, 17 de janeiro de 2017


Podem as recentes declarações do Cardeal Müller

encerrar os debates a respeito da Amoris Laetitia?


Mathias von Gersdorff
Economista, jornalista e activista pró-vida, escreveu diversos livros e é director
da campanha «Crianças em Perigo» da Associação Alemã pró-Civilização Cristã.

O Prefeito da Sagrada Congregação para a Doutrina da Fé, cardeal Gerhard Müller, criticou o procedimento dos cardeais Burke, Brandmüller, Meisner e Cafarra a respeito da Carta Apostólica Amoris Laetitia.

[Relembrando: Esses quatro cardeais enviaram um catálogo de perguntas ao Papa Francisco com as assim chamadas «dubia» (dúvidas), pedindo-lhe precisões a respeito de determinadas passagens de Amoris Laetitia. Em particular, trata-se da questão de saber se, sob certas condições, os divorciados recasados podem ser autorizados a receber a comunhão. Segundo a Doutrina Tradicional da Igreja, isso não é possível. A Amoris Laetitia contém passagens sobre essa problemática que levaram a interpretações diametralmente opostas. Não raro essas passagens são interpretadas de acordo com o próprio gosto. Deste modo, alguns bispos liberais e até mesmo Conferências Episcopais estão agora defendendo que foram levantadas as limitações para a distribuição da comunhão aos divorciados recasados. Os conservadores afirmam que nada teria mudado. O fiel comum acompanha perplexo este debate que se vai tornando cada vez mais agudo.]

Em 8 de Janeiro de 2017, o cardeal Müller [foto] manifestou-se a respeito deste tema numa entrevista para um canal da internet, criticando o modo de agir dos quatro cardeais, e sobretudo o facto de que tenham publicado as suas perguntas ao Papa. Ademais, o Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé esclareceu que Amoris Laetitia não representaria perigo para a Fé.

De facto, o cardeal Müller tentou, desde a publicação da Exortação Apostólica, resolver o problema da Amoris Laetitia interpretando-a no sentido da tradição. Enquanto tal, a sua atitude não é inteiramente nova. Contudo, a sua última entrevista para um canal internet de televisão levanta algumas questões.

É de chamar a atenção que o cardeal Müller escolha uma entrevista de televisão para criticar os seus irmãos do Sacro Colégio. Enquanto Prefeito da Sagrada Congregação para a Doutrina da Fé, dispõe de outras possibilidades mais adequadas do que uma entrevista de 11 minutos, na qual apenas três minutos foram dedicados à Exortação Apostólica. Será que a sua declaração numa entrevista televisiva tem uma autoridade especialmente relevante? De um Prefeito da Sagrada Congregação para a Doutrina da Fé era de esperar que semelhante tomada de posição, que provocou um verdadeiro terremoto, saísse no Osservatore Romano ou em alguma revista teológica especializada.

Com isso surge outra questão: o cardeal Müller não teve tempo para fundamentar adequadamente a sua crítica. O modo por ele escolhido não permite uma ampla fundamentação que corresponda à importância da sua declaração. O que, aliás, seria verdadeiramente apropriado. É impossível que tenha escapado ao cardeal Müller que muitos bispos e Conferências Episcopais estão interpretando a Exortação Apostólica num sentido muito diferente do da Tradição, querendo assim permitir a comunhão para os divorciados recasados. Esta é a clara tendência existente na Alemanha, pátria do cardeal Müller.

Se pensava que era preciso criticar os autores da «dubia», então teria sido proporcionado que criticasse também aqueles que interpretam a Amoris Laetitia num sentido contrário à Tradição. A começar pelo cardeal Marx.

Com a sua crítica unilateral o cardeal Müller aumentou a confusão em torno da Amoris Laetitia. Os católicos normais estão a ouvir uma cacofonia nunca antes ouvida sobre uma questão teológico-moral esclarecida há séculos por papas, concílios e teólogos. Vai-se difundindo a impressão de que o Magistério da Igreja não tem mais vigência e não deve ser levado a sério. Muitos se interrogam: Porque é que o Papa e o segundo homem do Vaticano, isto é, o Prefeito da Sagrada Congregação para a Doutrina da Fé, não confirmam a Doutrina da Igreja nesta importante questão, num momento em que tantos a contestam?

(Tradução do original alemão de Renato Murta de Vasconcelos).





Vamos todos ficar a tremer com as decisões

dos jornalistas & jornaleiros...




Um jornal é um instrumento incapaz de discernir
entre uma queda de bicicleta e o colapso da Civilização.
Bernard Shaw
Luís Lemos

Imaginando-se reis do mundo mas realmente sabendo que são simples servidores assalariados do sistema e de quem no topo está, reuniu-se em congresso um certo número de jornalistas. Mais uma manifestação de reles corporativismo, no sentido mais pejorativo que seja possível atribuir à palavra.

Eles, os seres superiores, aprovaram umas tantas decisões ameaçadoras para os seres comuns. Boicotam isto e aquilo... Censuram aqui e acolá... Exigem isto e aquilo...

Enfim, como se, em 2017, tivessem o monopólio da informação e desinformação que já tiveram.

Eles figem não saber que hoje, com as redes sociais, o seu poder de ditadorzinhos foi abalado. E que daqui em diante, com as técnicas e meios de comunicação sempre a evoluir, pior será.

Eles, os seres superiores tudo e todos, estão em pânico. Porque é de pânico que se trata.

Toda a sua arrogância é o canto do cisne.


Com algumas excepções, jornalistas são assim:

Ignorantes: nem política, nem história... nem a língua que utilizam.

Pretensiosos: apresentam-se como sabichões sendo ignorantes.

Mentirosos: deformam conscientemente a verdade segundo interesses.

Manipuladores: participam nelas e alimentam as farsas dos poderosos.

Vendidos: escrevem por encomenda.

Mafiosos, vulgo corporativistas: o grupo acima da verdade e da justiça.





domingo, 15 de janeiro de 2017


Armas insufláveis,

políticas religiosas e conservadoras:

a «maskirovka» forja novas mentiras sem cessar


«MIG 31» sendo insuflado perto de Moscovo.

Luis Dufaur (*)

Algumas das mais modernas armas russas puderam ser vistas e fotografadas num campo perto de Moscovo. Ali, trabalhadores manipulando tecidos sintéticos verdes e bombas de ar criavam armas impressionantes em questão de minutos, segundo informou o The New York Times.

O assustador MIG-31 cinza escuro aparecia subitamente como que do nada com a estrela vermelha nas suas asas. Parecia muito real sobretudo se fosse visto a 300 metros.

Mas na ex-URSS este truque é o mais velho da guerra. Faz lembrar o cavalo de Tróia, aliás este mais poético, ou a ordem corânica de Maomé  de os soldados velhos pintarem os cabelos brancos para parecerem mais jovens e fortes…

A Rússia montou um arsenal de disfarces e trapaças para as suas forças armadas, dentro do contexto mais vasto da guerra rotulada «maskirovka» (literalmente = dissimulação, engano).

Veja mais em Maskirovka: a guerra não-militar que invade e conquista.


Inflando um «camião com mísseis» perto de um «MIG 31» já pronto

A Maskirovka tem um papel cada vez mais importante para as ambições geopolíticas imperialistas da «nova-URSS».

«Se estudar as grandes batalhas da História, perceberá que o uso de trapaças vence sempre», disse o engenheiro militar Alexey Komarov. «Ninguém vence a jogar limpo».

Komarov supervisiona a venda de armas na Rusbal, ou Balões Russos.

A empresa fornece ao Ministério da Defesa da Rússia uma das ameaças militares menos conhecidas nos países que podem ser as suas futuras vítimas: um crescente arsenal de tanques, jactos e lançadores de mísseis infláveis.

A Rússia de Putin está a regressar ao cenário geopolítico, imiscuindo-se na vida política dos países ocidentais, empregando tácticas escondidas.

Silencia inimigos no exterior, manipula a Igreja ortodoxa e promove uma fingida contra-revolução conservadora conquistando pecuniariamente políticos e partidos nos países que quer submeter.

Uma farta rede de trolls, antigas redes de influência da URSS agora reactivadas e novas agências de notícias, TV ou Internet difundem falsas informações calculadas para enganar as audiências ou os internautas no Ocidente.

A «maskirovka» tem que manter o inimigo na incerteza, jamais admitir as verdadeiras intenções e usar todos os meios, tanto propagandísticos quanto militares, para conceder aos soldados do país a vantagem da surpresa, e revestir aos políticos seduzidos do Ocidente de uma máscara de conservadorismo de data recente.

Putin quer seduzir políticos ocidentais de recente conversão a posições «cristãs».
Na foto com François Fillon, então ministro de Relações Exteriores de França

A doutrina não hesita em apelar à desinformação política de alto nível e o uso de formas astuciosamente evasivas de comunicação.

É claro que as armas infláveis se encaixam bem nos estratagemas da maskirovka.

É um velho recurso para quem está em inferioridade de condições de combate, mas se é útil contra adversários decadentes, então vale tudo.

Vídeos no Youtube encarregam-se de mostrar as fabulosas novas armas que vão prostrar a NATO e os EUA enquanto os operários enchem de ar sacolas que virarão modernos tanques, aviões, lança mísseis e tudo o que servir para enganar sobre o verdadeiro potencial bélico russo.

A maior utilidade vem a revelar-se na camuflagem de ideias através da desinformação. A «nova-Rússia» apresenta-se como religiosa e conservadora se isso serve para desviar a atenção do adversário, dividi-lo e levá-lo à confusão e a uma capitulação.

Praticamente todos os grandes movimentos de tropas russas e soviéticas dos últimos 50 anos, da Primavera de Praga ao Afeganistão, Tchetchénia e Ucrânia, começaram por um truque simples e efectivo: soldados a chegar ao local de combate à paisana, explica o jornal americano.

Em 1968, por exemplo, um voo da Aeroflot, a companhia estatal de aviação soviética, transportando um número desproporcional de homens jovens e saudáveis, que subsequentemente capturaram o aeroporto de Praga.

Em 1983, soldados soviéticos disfarçados de turistas viajaram para a Síria, numa manobra que ficou conhecida como «camarada turista».

A aparência de misteriosos soldados usando uniformes camuflados em Cabul, no Afeganistão, e Grozny, na Tchetchênia, serviu como presságio ao envio de muito mais tropas, em 1979 e 1994.

O tanque T80 ainda não está pronto para enganar satélites americanos

Foi o caso dos «homenzinhos verdes» na Crimeia a partir de Fevereiro de 2014, ou do cerne das milícias separatistas «ucranianas» recrutadas no coração da Rússia ou transportadas directamente de guarnições do exército russo.

Estes antecedentes preocupam os estrategas e pensadores clarividentes, nos países vizinhos. Mas não tiram o sono aos decadentes. Ou aos cúmplices...

A Rusbal não revela quantos tanques infláveis já produziu, porque os números são sigilosos.

Mas a directora da firma Maria A. Oparina reconheceu que a produção cresceu muito nos últimos 12 meses. Emprega integralmente a maioria dos seus operários na costura das armas infláveis, na sua divisão militar.

«Na guerra, não existem acordos de cavalheiros», repete Oparina. «quem tiver os melhores truques sobrevive».

Vladimir Putin sabe bem disso, e paga o desenvolvimento das «novas armas» para enganar mais os «decadentes» ocidentais.


( * ) Luis Dufaur é escritor, jornalista,
conferencista de política internacional e colaborador da ABIM





segunda-feira, 9 de janeiro de 2017


Clero cristão saúda o Islão na Igreja,

em seguida curva-se a ele


Giulio Meotti, Gatestone Institute, 8 de Janeiro de 2017

Editor Cultural do diário Il Foglio, é jornalista e escritor italiano.
  • Em Julho último, pela primeira vez durante uma missa em Itália, um verso do Alcorão foi recitado no altar.
  • Provavelmente o clero católico está desorientado por causa do próprio Papa Francisco, que foi o primeiro a permitir a leitura de orações islâmicas e leituras do Alcorão no Vaticano.
  • Quando se trata do Islão o Papa abraça o relativismo religioso. Ele vem reiterando que a violência islamista é obra de «um pequeno grupo de fundamentalistas» que, segundo ele, não têm nada a ver com o Islão.
  • O bispo Harries da Igreja de Inglaterra sugeriu que a coroação do Príncipe Charles deveria ser aberta com uma leitura do Alcorão. Nos Estados Unidos mais de 50 igrejas, incluindo a Catedral Nacional de Washington, realizam leituras do Alcorão. Há leituras da liturgia cristã nas mesquitas?
  • Como é possível que um número tão ínfimo de líderes cristãos tenham levantado a voz diante deste ataque sem precedentes contra um monumento cristão? Será que organizaram tantas leituras do Alcorão nas suas próprias igrejas de modo que agora vêem como algo normal converter uma igreja numa mesquita?
  • Não seria melhor para a Igreja católica dar início a um diálogo sincero com as comunidades islâmicas, com base em princípios como reciprocidade (se vocês construírem mesquitas na Europa, nós construiremos igrejas no Médio Oriente), protecção das minorias cristãs do Crescente e repúdio à teologia da jihad contra os «infiéis»?
  • Há uma propensão cada vez mais preocupante de toda a gente em Itália e na Europa.
  • Pela primeira vez em mais de 700 anos, canções islâmicas ressoaram na Catedral de Florença, Igreja de Santa Maria del Fiore. Sob a famosa Cúpula de Brunelleschi, melodias islâmicas acompanhavam as cristãs. A «iniciativa inter-religiosa» foi promovida uma semana depois do massacre bárbaro cometido por terroristas islamistas em Paris contra a redacção da revista Charlie Hebdo, incluindo «Alcorão é Justiça» e outros «cânticos» dessa natureza.
  • Em seguida, um padre no Sul de Itália enfureceu paroquianos por ter vestido a Virgem Maria com uma burka muçulmana no presépio de Natal da sua Igreja. O pastor da paróquia dos Santos Joaquim e Ana em Potenza, padre Franco Corbo, disse que tinha construído a creche especial «em nome do diálogo entre as religiões». Estas iniciativas inter-religiosas baseiam-se na eliminação gradual da herança judaico-cristã em favor do Islão.
  • Outro padre em Itália também acabou com o presépio de Natal no cemitério local porque isso «podia ofender os muçulmanos». O padre Sante Braggiè disse que não haveria manjedoura no cemitério no Norte da cidade de Cremona porque isso podia irritar as pessoas de outras religiões ou aqueles cujos parentes não estão enterrados naquele local:
  • «Um cantinho do cemitério está reservado para as sepulturas muçulmanas. Uma manjedoura posicionada no campo de visão daquelas sepulturas poderia ser visto como falta de respeito para com os seguidores de outras religiões, ferir as suscetibilidades dos muçulmanos, assim como dos indianos e até mesmo dos ateus».
  • Em Rebbio, a paróquia italiana de S. Martin estava a preparar-se para o final da missa. De repente, Nour Fayad, uma mulher usando um véu subiu no púlpito e começou a ler os versos do Alcorão que anunciam o nascimento de Cristo. A iniciativa de Dão Giusto della Valle tinha o propósito de mostrar «um gesto para o diálogo».
  • Logo depois em Rozano, perto de Milão, o director Marco Parma cancelou o concerto de Natal da escola: decidiu proibir as tradicionais festividades na escola Garofani, «para não ofender ninguém».
  • Em Julho, pela primeira vez durante uma missa em Itália, um verso do Alcorão foi recitado no altar. Isso aconteceu na Igreja de Santa Maria em Trastevere, Roma, na cerimónia em memória do padre Jacques Hamel que foi assassinado por terroristas do ISIS em França. Enquanto os católicos recitavam o Credo, um representante da mesquita de al Azhar do Cairo repetia discretamente uma «oração islâmica para a paz».
O Imã Sali Salem recita um verso do Alcorão na Igreja de Santa Maria
em Trastevere, Roma, em 31 de Julho de 2016
 (Imagem: captura de tela de vídeo do La Stampa)
Provavelmente o clero católico está desorientado por causa do próprio Papa Francisco, que foi o primeiro a permitir a leitura de orações islâmicas e leituras do Alcorão nas dependências mais importantes do mundo católico. Isso aconteceu quando o Papa Francisco se reuniu com o já falecido presidente israelense Shimon Peres e o presidente da autoridade palestina Mahmoud Abbas na Cidade do Vaticano, um encontro concebido «para rezar pela paz no Médio Oriente».

Desde que foi eleito pontífice, o Papa Francisco passou muito tempo em mesquitas. Visitou inúmeros lugares de culto islâmico no exterior, como por exemplo na Turquia e na República Centro Africana, além disso ele também desejava ser o primeiro Papa a visitar a Grande Mesquita  de Roma.

Quando se trata do Islão o Papa abraça o relativismo religioso. Ele vem reiterando que a violência islamista é obra de «um pequeno grupo de fundamentalistas» que, segundo ele, não têm nada a ver com o Islão. Quando perguntado sobre o porquê dele não se pronunciar em relação à violência islâmica, o Papa respondeu: «se falasse sobre a violência islâmica, teria que falar sobre a violência católica», ainda que seria extremamente difícil neste momento encontrar sacerdotes, freiras ou outros católicos a colocar bombas em qualquer lugar em nome de Jesus Cristo.

Esta inclinação vai muito além de Itália. No Reino Unido o bispo Harries sugeriu que a coroação do Príncipe Charles deveria ser aberta com uma leitura do Alcorão. Nos Estados Unidos mais de 50 igrejas, incluindo a Catedral Nacional de Washington, realizam leituras do Alcorão. O presidente da Igreja evangélica da Alemanha bispo Heinrich Bedford-Strohm também pediu que o Islão fosse leccionado nas escolas estaduais. Há leituras da liturgia cristã nas mesquitas?

Estes shows inter-religiosos também parecem cegar-nos frente às leituras mais preocupantes do Alcorão nas igrejas cristãs, como as que ocorreram recentemente na Hagia Sophia de Istambul: pela primeira vez em 85 anos muçulmanos turcos leram um texto islâmico dentro da Igreja oriental mais linda da cristandade. O objectivo disso, conforme atestam os projectos de lei enviados ao parlamento da Turquia é claro: islamizar a Igreja que vinha sendo usada como museu desde 1935.

O silêncio dos cristãos não é tão claro assim: como é possível que um número tão ínfimo de líderes cristãos tenham levantado a voz diante desse ataque sem precedentes contra um monumento cristão? Será que organizaram tantas leituras do Alcorão nas suas próprias igrejas de modo que agora vêem como algo normal converter uma igreja numa mesquita?

Depois do ataque terrorista ocorrido numa Igreja na Normandia em Julho passado, o clero cristão abriu as portas das suas igrejas aos muçulmanos. Este gesto foi recebido como um divisor de águas no relacionamento das duas religiões. Contudo, de uma população de seis milhões de muçulmanos que residem em França, somente algumas centenas de muçulmanos participaram. Será que esse comparecimento é realmente representativo da opinião pública islâmica?

Estes gestos de boa vontade podem parecer um benefício inter-religioso, mas na realidade são uma perda ecuménica. Não seria melhor para os dirigentes da Igreja católica dar início a um diálogo sincero com as comunidades islâmicas, com base em princípios como reciprocidade (se vocês construírem mesquitas na Europa, nós construiremos igrejas no Médio Oriente), protecção das minorias cristãs do Crescente e repúdio à teologia da jihad contra os «infiéis»?

Para o clero católico que abriu a porta da Catedral de Florença ao Islão, os muçulmanos irão proximamente preconizar a remoção de uma pintura na basílica: «Dante e a Divina Comédia» de Domenico di Michelino. Para extremistas muçulmanos, Dante é culpado de «blasfémia»: incluiu Maomé no seu Inferno poético. O Estado Islâmico não faz nenhum segredo sobre a sua disposição de atacar o túmulo de Dante em Itália. Outros lugares que estão na lista do ISIS são: a Basílica de São Marcos em Veneza e a Basílica de São Petrónio em Bolonha, ambas retratam cenas da Divina Comédia.

Fantasia? De modo algum. A organização italiana de direitos humanos Gherush92 que aconselha os órgãos das Nações Unidas sobre os direitos humanos, já pediu a remoção de Dante do currículo escolar, porque teoricamente é «islamofóbico».

Nesta nova «correcção» inter-religiosa, somente o Islão ganha. Os cristãos têm tudo a perder.





sábado, 7 de janeiro de 2017


Português, língua estrangeira?




Mário João Fernandes

A defesa da língua portuguesa é uma responsabilidade de todos, falantes e escreventes.

Janeiro é o mês dos balanços. E os ditos são feitos com recurso à palavra falada e escrita. Ouvi e li coisas estranhas por estes dias. Não tanto pelos conteúdos, já que estas semanas são uma silly season invernal, um vale-tudo de apanhados e de pés de microfone. Os atropelos à língua, a falada pelos leitores de teleponto e a escrita nos rodapés da televisão, provocaram-me maiores agonias do que as queixas hepáticas motivadas pelos excessos festivos. Não foram só os erros ortográficos e o mais absoluto desprezo pelas regras de concordância de género, número, tempo ou modo. Dois mil e dezasseis fechou com um número muito significativo de luso-falantes e de luso-escreventes que não conhecem minimamente o significado das palavras, as regras de gramática quanto ao seu uso e o porquê e para quê da boa utilização da língua. A consoada referiu o vinho «muito incorporado», o balanço do ano futebolístico não esqueceu a participação de um jogador numa «sociedade de inversão» (fiquei a aguardar com esperança a queixa por difamação e injúrias movida pelo ludopedista), na noite de passagem de ano, o taxista de serviço opinou sobre o trânsito, «controla-se a rótunda», as mensagens oficiais e oficiosas desejaram coisas que, pretendendo ser boas, se revelaram, à luz do dicionário, malignas.

Como é que chegámos aqui? O processo de erosão começou há muito, com a extinção do ensino de latim e de grego, como se o português fosse uma novilíngua recebida de uma galáxia exterior. Desaparecida a oferta, desapareceram também os professores. Seria interessante que os habitantes de um certo edifício na Avenida Cinco de Outubro comparassem quantos professores de Latim e Grego existem por milhar de habitantes nos países que têm como língua oficial uma língua românica.

...excepto para quem nunca tem dúvidas e raramente se engana e implementou
o «Acordo Ortográfico»: Cavaco, com o seu «ajudante» Santana Lopes.

A desgraça prosseguiu com a passagem de uma aprendizagem livresca para uma aprendizagem televisiva, acompanhada de um crescente analfabetismo funcional por parte dos falantes de referência, que há muito deixaram de ser escolhidos pelo conhecimento ou domínio da língua portuguesa.

O pico da miséria linguística chegou com a simplificação tecnológica do uso da língua, com o proliferar de sms e emails escritos em crioulo tecnológico. A simples visita às caixas de mensagens dos principais órgãos de comunicação social permite constatar o óbvio: a língua em que muitos escrevem em Portugal só remotamente é aparentada com o português.

A certidão de óbito da língua escrita chegou com a convivência entre a norma anterior ao novo acordo ortográfico e a do novo acordo ortográfico. A ignorância ficou legitimada pela convivência anárquica entre duas normas contraditórias.

Segue-se a pergunta óbvia: como é que saímos disto? Como é que recuperamos os mínimos na utilização da língua portuguesa? Há que retomar o estudo do latim e do grego. Não só nos cursos humanísticos, mas na formação geral, para que se perceba que as palavras da língua portuguesa não nasceram com o Google. Não há qualquer razão para que as tecnologias da informação não possam ser utilizadas para reforçar a aprendizagem da língua portuguesa, não só por estrangeiros, mas também por portugueses. Mas não podemos continuar a ter referentes televisivos que não dominam a língua em que se expressam.

Dois mil e dezasseis foi um ano dado a manifestações folclóricas de patriotismo. Gostaria que 2017 fosse o ano da defesa da pátria, começando pela língua. É uma tarefa diária e para todos. E não é fácil: para muitos, o português é já uma língua estrangeira.